Un proyecto revolucionario al alcance de los padres

Gloria y Félix, matrimonio asturiano, nos relatan cómo se han ido implicando en los clubes por donde acuden sus hijos.


Nos casamos el 17 de diciembre de 1983 y tenemos 3 hijos. Sara y Alberto, que son mellizos con 23 años, y Paula con 11.
Nos preocupaban los ambientes que nuestros hijos podían frecuentar, y teníamos claro que el moverse en un ambiente de alegría, compañerismo, responsabilidad y ocupar el tiempo libre con deporte y actividades educativas, podía ser fundamental para su futuro. Conocíamos el club Peñavera y pensamos que allí, Alberto iba a encontrar lo que estábamos buscando. Alberto se matriculó en Peñavera en el verano de 1998. Unos meses más tarde conocimos la Asociación Juvenil Montealegre y nos interesó para Sara.
Enseguida nos dimos cuenta que el objetivo que perseguíamos se podía materializar a través del proyecto de los clubes juveniles como Peñavera y Montealegre. Pudimos constatar, que dentro del club, se daba mucha importancia a establecer canales de ayuda a los padres en el proceso de la educación de los hijos (conferencias, folletos y revistas, etc.) y teniendo muy presente la opinión de todos los padres sobre todo lo que concernía a la dinámica del club.

Siempre nos llamó la atención la política de puertas abiertas en todo momento y para todos, así como la disponibilidad de los monitores del club a atendernos y conversar sobre todo aquello en lo que mostrábamos interés. Es más, la primera frase que nos dijeron al entrar en Peñavera y Montealegre, fue la misma: “lo más importante en el club, son los padres”.

En Alberto se produjo un cambio evidente. Además de organizar mejor su tiempo de estudio (empezó a utilizar la sala de estudio de Peñavera de forma habitual), hizo un grupo de amigos que, a día de hoy, mantiene y desarrolló el gusto por el deporte a la vez que incremento su capacidad para relacionarse con los demás y preocuparse por ellos.

 

A raíz de esto, Sara se matriculó Montealegre en el otoño de ese mismo año. Paula siguió los pasos de Sara en el 2005, confirmando lo que habíamos observado en la evolución de Alberto.

La ayuda que recibimos fue tal que, los dos coincidimos que teníamos la obligación de ayudar en lo que pudiéramos a otros padres que se planteaban los mismos objetivos para sus hijos. Tuvimos claro que en nuestras manos estaba el poder actuar para cambiar esa realidad y que la forma en que lo podíamos hacer era a través de una mayor colaboración en las actividades del club, así como en intentar incrementar su difusión y conocimiento en la sociedad en la que desenvuelven su actividad.

Fue entonces cuando Gloria, mi mujer, comenzó a implicarse en las actividades de Montealegre. Empezó llevando a Paula, la pequeña, al pre-club, y mientras esperaba a que terminase el ballet ayudaba a las personas de la junta directiva en lo que hiciera falta. Poco a poco, su trabajo se fue haciendo imprescindible y, desde hace unos años es la secretaria de la asociación.

En lo que a mí respecta, procuré aportar mi experiencia profesional a la hora de contactar personas interesantes como ponentes de las “Cenas coloquio” o de la “Escuela de Padres”, unas actividades que funcionan muy bien en Montealegre.

Nadie puede sustituir a los padres en la educación y formación de sus hijos, pero hoy en día esa tarea es además de difícil, como lo fue siempre, muy complicada por las posibilidades que han abierto las nuevas tecnologías, y el poder que ejercen sobre todos nosotros, y más en los niños, adolescentes y jóvenes.

El ritmo de vida hace que los padres tengamos tiempo limitado y por tanto que nos sea difícil una mayor dedicación a la clarificación de los modelos correctos y a la transmisión de los valores que definen al hombre como tal. Aquí está la mayor dificultad para la educación de nuestros hijos y la trampa que nos tiende el modelo de vida actual. Ante esta realidad, necesitamos ayuda y cooperación, que no significa sustitución y, es en esta ayuda donde entra a jugar un papel fundamental el proyecto de los clubes.

Esos “aliados” son los clubes como Peñavera y Montealegre. Nunca podrán sustituir a los padres, pero pueden ayudarnos mucho, y a la vez, nosotros padres, podemos sirviéndonos de los clubes, ayudarnos entre nosotros. En nuestra mano está.

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